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Historias paralelas

Historias paralelas

HISTORIAS PARALELAS.- El arco triunfal del inca sostenía el orgullo de un imperio.

Situado a la entrada de la ciudadela, se erguía majestuoso reflejando sus piedras blancas, la primera luz del día.

Quien se detenía a leer las inscripciones de los grandes bloques pétreos, sabia que por el habían pasado innumerables procesiones, que se dirigían al monte más alto, para ofrecer todos los años el sacrificio de una doncella al dios Sol.

Esa mañana, una extensa comitiva lo atravesaba acompañando a la niña elegida. Ésta apenas había dejado la pubertad e iba ataviada con sus mejores ropas. Le habían dicho que sería la esposa del astro que daba vida y calor a la Tierra y ello bastaba para dibujar en su boca una sonrisa. Preparada, desde que pudo entender su misión, nunca puso en duda el privilegio de ofrecerse en cuerpo y alma.

Paso a paso la gente que la acompañaba, fue ascendiendo la montaña. Recortada contra el azul de la ladera la fila, semejaba una víbora reptando por el escarpado sendero. Quedaron atrás las construcciones de la ciudad, los templos se empequeñecieron, el aire se enrareció.

Cerca de la cima, un frío glacial hirió la carne de la prometida del Sol. Ya no había sonrisa en sus labios. Una duda negra y pesada como la nube que cubría el pico de la montaña, entro en su mente. ¿En dónde estaba la gloria y la felicidad? Allí arriba no había cantos ni flores, sólo una piedra desnuda y un anciano sacerdote de pie, con un puñal en la mano. El esposo celeste, se le presentó entonces en toda su crueldad. ¿Cómo podía exigirle la entrega de su vida, cuando justamente era alabado por otorgarla?

Con ese pensamiento, se detuvo unos metros antes de la piedra del sacrificio. Se vio humana, con todo el derecho a seguir viviendo.

La inutilidad de la ofrenda, irrumpió en su cabeza con la fuerza  arrolladora de una inundación, que borró de un golpe años de enseñanza y tradición.

Una energía surgida de los más hondo de su ser, puso en tensión sus músculos. Con un rápido movimiento giró sobre si misma, corrió ladera abajo y se perdió en las sombras de un profundo  barranco.

Durante unos instantes, la comitiva quedó paralizada por la sorpresa. Sólo se oía el silbido del viento y el ruido de las piedras desprendidas por los pies desnudos de la fugitiva.

Cuando ya no hubo sonido alguno, el sacerdote, sin encontrar explicación alguna a la afrenta al Dios, se inmoló con su propio cuchillo.

La gente muda de horror vio correr por primera vez, sangre vieja sobre la piedra.

Lentamente fueron retrocediendo y emprendieron el regreso jurando en silencio no revelar a nadie lo allí ocurrido.

No hizo falta guardar el secreto, ya que el mismo se manifestó  en el mudo testimonio de las piedras del arco triunfal. Una a una, fueron cayendo hasta quedar reducidas a un montón de bloques.

Abajo, sepultado por toneladas de escombros, quedaba el orgullo de un imperio vencido, por el simple deseo humano de sobrevivir.-

Celeste sueña con averiguar la historia que encierra en páginas amarillas el grito de una verdad. Allí estaba al alcance de su mano, el viejo libro que durante generaciones, había permanecido oculto. Guardaba un secreto familiar que nadie había querido revelar. Ahora era la oportunidad de saberlo. Habían ya muerto todos los parientes que podían oponerse y Celeste se encontraba libre de hacer lo que quería, sin que nadie se molestara.

Sentada en la biblioteca de la vieja casona que había heredado, Celeste toma el libro, sacude el polvo que lo cubre y comienza su lectura.

Pasan las horas, pasan las páginas, el sol se oculta y amanece nuevamente. La biblioteca se llena de montañas, aire ligero, ropas coloridas, sones de flauta. La historia la atrapa, la fascina, la lleva lejos, a la ciudadela de los incas.

Allí esta el arco triunfal esperando su llegada. La llama con su voz de  piedra. – ¡Pasa…Pasa! – sube a la cima de la montaña.

Celeste no puede resistirse. Algo más fuerte la impulsa, la empuja, la eleva… Hay alguien que la espera arriba. ¿Quién es? No lo sabe. Intuye vagamente el peligro, que significa seguir con la lectura. Pero la sensación se disipa. Sólo se trata de un viejo libro sobre una leyenda inca.

Transcurre otro día de intensa lectura, el libro está por terminar.

En las páginas finales, se precipita el desenlace de la historia.

Aparece la relación de sus antepasados con la familia de la doncella fugitiva. Celeste tiene las manos húmedas y la respiración agitada. Lee con dificultad el último capítulo, que trata de la desesperada búsqueda de sus ancestros a la prometida del Sol.

El exilio y repudio que sufrieron todas las generaciones posteriores por haber causado la ruina del arco triunfal.

Con temor voltea la última página que está en blanco. ¡La historia está inconclusa! ¿Quedará el secreto sin develar? ¿Perdurará el estigma de oprobio que pesa sobre  toda su familia?

Rabiosa, arroja con violencia el libro sobre un anaquel. Éste, parece haberse vuelto de piedra. Se estrella contra el estante donde reposa un afilado estilete usado para abrir páginas.

El arma, vuela directo al corazón de Celeste.

Ella sólo tiene tiempo para ver que sobre el espacio en blanco del libro, se dibuja línea por línea, la orgullosa figura del arco triunfal del inca.

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Fabián Gonzalez

Fabián Gonzalez

Soy Fabián González, escritor argentino nacido en Mendoza, “La Tierra del Sol y el Buen Vino”; en mi jubilación decidí compartir mi pasión por el cuento y la literatura, gozar Cuentos sin receta cada semana, esperando que los disfruten tanto como yo.

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