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Liberación

Liberación

LIBERACIÓN.- Hace tiempo que pensaba librarse  de ella. Le molestaba su simple presencia. No sabía si era: su silencio o su conversación imparable, su simpleza o complejidad, la visión profunda de las cosas que a veces tenía o su insoportable superficialidad.

No recordaba desde cuando estaban juntos, pero ya no la soportaba. Había hecho esfuerzos para entenderla, quererla como una prolongación de su existencia, pero había sido inútil. No sabía porque siempre le ofrecía una visión distinta de la realidad que él construía. Cuando creía estar seguro, ahí su presencia sembraba la duda como al pasar. Las metas de su vida, aconsejadas por su palabra, seguían un camino sinuoso y no resultaban con la perfección que él las había imaginado.

Es cierto que hubo días en que la quiso y todavía el recuerdo le hacía sonreír. Se habían abrazado de tal forma que  no podía decirse donde comenzaba uno y terminaba la otra. Pero esos fueron momentos fugases, perdidos ahora en el rencor que lo inundaba.

¿Porque opinaba sin que se lo pidiera? ¿Porque no lo dejaba solo ni un instante? ¿Qué hacía junto a él?

Hoy estaba decidido a terminar con ella. Debía ser astuto, no despertar la minina sospecha.

Con un plan, elaborado en todos sus detalles, se acercó y la invitó a contemplar la puesta del sol sobre el acantilado más alto que daba al mar.

Fueron caminando despacio, envueltos en una conversación liviana, deslumbrados por los rojos y violetas que presentaba el cielo.

Al llegar se detuvieron fascinados por el oleaje, que  muy abajo era un hervidero de espuma y rocas.

Con un movimiento lento que parecía casual, él se acercó  por atrás y la tomo de los hombros. Ella se dio vuelta de espaldas al vacío y lo miro de frente. Para no verla, cerró los ojos y empujó con fuerza. Fue un instante eterno el que pasó, hasta que sus manos perdieron el contacto con el cuerpo. Cuando se decidió a mirar, solo sintió el viento en la cara y el sabor salobre  de la espuma en la boca. Muy cerca, las rocas lo esperaban. Ella recostada en una, lo observaba caer con una sonrisa triste. Allí se dio cuenta de que nunca  podrían separarse, que hasta el último instante de su vida estaría junto a su conciencia.

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Fabián Gonzalez

Fabián Gonzalez

Soy Fabián González, escritor argentino nacido en Mendoza, “La Tierra del Sol y el Buen Vino”; en mi jubilación decidí compartir mi pasión por el cuento y la literatura, gozar Cuentos sin receta cada semana, esperando que los disfruten tanto como yo.

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