Éter. Sueño y arte

Éter. Sueño y arte

 

We are like the spider.

We wave our life and then move along in it.

We are like the dreamer who dreams and then lives in the dream.

This is true for the entire universe.

 

                                                UPANISHADS

(Aparece en el inspirador libro del cineasta David Lynch, sobre meditación y el proceso creativo, Catching The Big Fish.)

«Cómo puedo echar de menos algo tan etéreo», me escuché pensar. Porque extrañaba algo que jamás tuvo mayor espacio en el mundo concreto, y que sin embargo parece haber tenido una poderosa influencia en todo lo que hago.

«Imaginen que son ustedes un cubo de hielo flotando río abajo», sugirió la yogi Anne Soffer durante una práctica de yoga. Y explicaba que al derretirse el cubo, nos mezclaríamos de nuevo con el río, que el cubo era sencillamente un estado más, y que esto no debería ser motivo de angustia, pues si se entendía, «no tenía por qué doler la falta de algo que nunca se había tenido».

Pero a estas sabias palabras, que se sentían verdaderas, les estorbaba la innegable presencia de esa añoranza por aquello tan etéreo. Porque al contrario de la calma que debiera producir el entender el carácter ilusorio de lo tangible; y a pesar de ser evidentemente etéreo, evidentemente imaginario, aquello que me hacía tanta falta; a pesar de ser aquello agua líquida, y no un cubo de hielo, diferenciado del resto del agua; a pesar de entender todo esto: lo echaba de menos, sentía que me faltaba. Por otro lado, si todo es uno y no perdemos nada en realidad al derretirse la individualidad, ¿cuál es el sentido entonces de esa ilusión de los límites, de ese espectro de lo concreto? ¿Por qué puede doler tanto su ausencia? ¿Qué lugar tiene entonces ese gran deseo de tenerla de regreso?

Y en mis pensamientos, se había quedado flotando la palabra que había salido de mi inconsciente sin mayor razonamiento: etéreo.

Mi difunto abuelo, ahora mezclado con el río, me sigue hablando a través del diccionario empastado al revés que me regaló cuando yo tenía once años, que dice entre otras cosas:

Éter:

1.»Esfera aparente que rodea a la tierra».

2.»Fluido sutil, invisible, imponderable y elástico que, según cierta hipótesis, llena todo el espacio, y por su movimiento vibratorio transmite la luz, el calor y otras formas de energía.»

3. «…Se emplea en medicina como antiespasmódico y anestésico.»

 

Fluido sutil, imponderable, elástico. Esfera aparente rodeando a la tierra. Transmite la energía. Anestésico.

La inasible sociedad digital me habló a través de Wikipedia y me dijo otras cosas más: Que en diferentes culturas y desde tiempos remotos, el éter era considerado el quinto elemento, y que según Aristóteles, era de movimiento circular y más perfecto que los otros cuatro. Que viene del griego aither, que significa cielo o firmamento, y que deriva a la vez de la raíz indoeuropea aydn, que significa arder, o fuego. También que apenas en el siglo XIX y XX se le refutó como elemento que hacía posible la transmisión de la luz, y que creencias griegas aseguraban que era un aire brillante que respiraban los dioses.

El firmamento ardiendo.

Los dioses respirando.

Fumo en el jardín un cigarro. Uno de los de ‘devezencuando’. Hay tanto que nos va matando. La histeria del no morir ha hecho al cigarro más negativo de lo que es, mientras que ese mismo miedo nos impide vivir, y habrá que preguntarse qué mata más entonces.

El holandés Gerrit Komrij viene a mi mente, que en una crítica poética lamentaba el desvanecimiento del tema del humo como lait motiv en la poesía, gracias a la histeria actual del no fumar, y citaba entre otros poetas a:

Joan Blasius (mitad del siglo XVII)

Wanneer ik by het Vuur in guure Winterstonden

Met Met een gevulde Pijp my eensaam neederset

[Cuando al fuego en recios estados invernales

con una pipa llena, mi soledad dejo caer]

 

Focquenbroch (mitad del siglo XVII)

Wyl ick dus sit en smoock een Pijpjen aen de haert,

Met een bedruckt gelaet, de oogen na de aerd

(…)

Of ´k segh, dat ick in ´t minst geen onderscheyt kan vinden

In, of ick leef of hoop, of dat ik een pijpje smoock

Want ´t een is niet als windt, en ´t ander niet als rook

[Cuando me siento y fumo una pipa al corazón

Con pesaroso semblante y ojos a la tierra

(…)

Afirmo, que al menos yo no encuentro distinción

en, si vivo o deseo, o si una pipa fumo

Pues lo uno no es más que viento, lo otro no más que humo]

 

Aspiro el humo y lo dejo ir de nuevo. Mi aliento, hecho visible por el humo, flota como la palabra éter por mi jardín de noche de verano. Acaricia los botones de flores a punto, y me hace notar el delicado encorvamiento ascendente de los tallos, antes del inicio del botón que casi revienta. Como si todo el fluido vital en la planta fuera succionado para la realización de la flor, y provocara por tanto aquel arco que me parece una metáfora del alongamiento de la voluntad, del deseo de alcanzar, de conquistar los límites actuales para llegar a otros territorios.

Ese fluido vital, más allá de la savia, ¿qué es?

Las flores en la noche, algunas abiertas, otras a medio proceso, algunas casi cerradas, grandes y pequeñas, brillan como estrellas en el universo del arbusto. Y tan impredecible como el éter, se escapa la memoria y viaja a la imaginación de los dramaturgos que conocí en un festival de teatro hace algunos días:

Kristofer Grønskag, el autor noruego que escribió Satellites In The Night Sky, sobre el síndrome de Asperger en niños, donde una pequeña tiene un hoyo negro en el estómago a través del cuál viaja al espacio y con el cuál succiona y come todo lo que se acerca demasiado.

Kristofer Grønskag

Jonas Hassen Khemiri, un autor sueco en boga mundial,  que escribió la obra teatral I Call My Brothers, sobre la sospecha inmediata de terrorismo que actualmente despierta injustamente cualquier persona musulmana. Amour, el personaje principal, argumenta al inicio de la obra ser como el éter.

Jonas Hassen Khemiri

Glenn Waldron , el dramaturgo inglés que en su obra NATIVES habla sobre el extraño poder que tienen los adolescentes que desde temprana edad han crecido en la (inasible y etérea) realidad de la web.

Glenn Waldron

La nube de la última bocanada de humo se desvanece entre la noche. Me dispongo a dormir, con la palabra éter y la imagen de la pintura sobre el mito de Io en mi mente. Io, aquella que fue amada por Zeus, transformado en nube, en sueño, en humo, o quizá en el brillante aliento del éter.

Júpiter e IoAntonio Da Corregio (1532)

Crédito de fotografía:*photo credit: <a href=»http://www.flickr.com/photos/54209675@N00/8465634839″>M100 aka NGC4321</a> via <a href=»http://photopin.com»>photopin</a> <a href=»https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/»>(license)</a>

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Olinda Larralde Ortiz

Olinda Larralde Ortiz

El arte es un derecho esencial del ser humano. No vende, no es mercadeable. Y mientras los Estados alrededor del mundo lo dejan cada vez más a la intemperie de una competencia capitalista que nunca ganará, sigue siendo el único sito para la reflexión profunda de toda sociedad, y a veces lo último que nos queda de identidad colectiva. En SalvArte nos acercaremos de manera íntima a todo tipo de arte, descubriremos lo necesario que es lo improductivo, y quizá logremos redimirnos por unos momentos de esta descarnada competencia del "Individuo Global”.

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