Mi más grande temor

Mi más grande temor

Como ya les he contado, mi historia con las mascotas comenzó cuando tenía 5 años, pero que la responsabilidad siempre fue compartida hasta hoy que aunque tengo el apoyo de toda la familia, soy como mamá absorbente que siempre quiere saber dónde está su hijo.

Pues como toda mamá también tengo muchos miedos en relación a Suki, y uno de los más grandes es que salga a la calle y no regrese más. Y no por el hecho de que decida vagar y no quiera volver, sino que un día me llamen para decirme que si soy la dueña de un gatito accidentado, o peor, muerto.

En el año y medio que Suki lleva en casa, hoy pasé uno de los peores días de mi vida.

Suki como todas las mañanas salió a sus rondas, a jugar con sus pájaros, a recibir el día en la azotea de la Casa Azul. Pero en sus hábitos está el llegar a tiempo para irnos a trabajar. A veces en su rebeldía se va un poco más pero se asoma a la azotea para avisarme que todo está bien y debo regresar un poco más tarde por él. Pero hoy no volvió.

Me alisté para ir a la oficina y de todos modos él no llegó. Le encargué a su papá que estuviera al pendiente (él salió hoy más tarde), pero tampoco lo vio. Mi esperanza era que llegara antes de que los niños se fueran a la escuela (turno vespertino) y me avisaran que todo estaba bien, pero tampoco volvió.

Yo debía seguir con mis actividades porque la oficina no para y no puedo bajar la guardia, pero mi cabeza siempre estaba en Suki.

Mi aterraba que sonara el teléfono y fuera una llamada desconocida. Rogaba porque no entraran mensajes, ni llamadas para no sobre saltarme. Y además el día fue larguísimo, junta tras junta que me impedían llegar temprano a casa.

Hoy no fui a hacer ejercicio, ya era muy tarde, pero también la desesperación por llegar a casa me consumía y venía de una junta lejos de casa. ¿Por qué los coches no avanzan? ¿Hoy decidió salir todo mundo a la calle?

Llegué a casa, subí las escaleras corriendo y abrí la puerta con mucha angustia. ¿Y si Suki no había regresado? Porque también pensaba que estaba atorado en alguna barda, encerrado en alguna casa abandonada o en el hogar de algún desalmado que quiere una mascota de manera fácil.

Pero al abrir la puerta un pequeño y hermoso gato corrió a mis brazos con sus ojitos llenos de lágrimas, me comió a besos y me abrazó con tanta ternura que no pude contener el llanto y lloré con él. Claro después del merecido regaño por asustar de esa manera a su mamá.

Sin embargo, el alma me regresó al cuerpo y mientras escribo la columna de esta semana, tengo un hijo acurrucado al lado mío con una sincera actitud de “lo siento mami”.

Y sé que hoy la historia terminó como me gusta. Con la boca de llena de felicidad y alegría aunque si soy honesta, el temor que siento persiste en mi corazón y espero que solo se quede ahí. Que sea un miedo innecesario porque mi hijo estará siempre conmigo.

Nos leemos la próxima semana! y no olviden mirar el blog Mi Gato y Yo

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Letty Ciprés

Letty Ciprés

Letty Ciprés es apasionada de la vida, su familia y ahora también de SU HIJO-GATO. Suki se ha convertido en el centro de su atención a quien lleva incluso a la oficina. Con Suki reafirmó su fascinación por los mininos y quiere también compartirla contigo.

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