Quise explorar el mundo y me perdí

Quise explorar el mundo y me perdí

Mami tiene un compromiso hoy, lo escuché desde ayer antes de dormir, por lo que creo que es una buena oportunidad para salir de casa y explorar un poco el mundo.  Claro, para ello tengo que ingeniármelas y ver de qué manera me escapo porque estoy completamente encerrado, aún no me dejan salir solo.  Siguen diciendo que soy muy pequeño para ello.

Pero bueno, finalmente alguien se descuida y consigo escapar.  La verdad no quiero ir tan lejos de casa, sólo quiero ver que más hay fuera de mi hogar. Empiezo a vagar entre las azoteas de los otros edificios y todo me parece inmenso.  Definitivamente es un mundo que no imaginaba.  Alcanzo a ver que en otras casas hay perros y más gatos que parecen muy libres. 

Conforme avanzo, algunos perros me ladran, algunos gatos me ignoran pero otros reclaman mi estancia.  Ni cuenta me he dado del tiempo transcurrido y de todo lo que he recorrido. El problema es que volteo y ya no veo mi casa, no logro identificar dónde estoy.  Ahora sí me siento perdido, estoy triste y además tengo hambre.  Ya no puedo regresar y entonces pienso, ahora qué será de mí si mi familia no me rescata.  Moriré solo y triste y empieza a oscurecer.  Creo que he vagado todo el día.  Además estoy cansado, nunca había caminado ni saltado tanto.  Las paredes ya me parecen muy altas y no veo la manera de volver.

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Es un día terrible para mí, Suki se ha ido de casa, empiezo a pensar que no soy lo suficientemente buena mamá como para conseguir que mi hijo quiera quedarse a mi lado.  Lo hemos buscado por todos lados, debajo de las camas, debajo de las cobijas, los sillones, el baño, el patio, la azotea, él no está.  Mi angustia empieza a crecer y siento que le ha pasado algo y por eso no regresa.  Le grito desesperada, pero no sé si alcanza a escucharme.

Miguel y yo corremos a hacer unos carteles con su foto y descripción para que si alguien lo encuentra nos avise y podamos ir por él y con los niños, empezamos a pegarlos por toda la colonia.  Tocamos en las casas y preguntamos si no se ha metido a alguna.

La gente es amable, nos dejan pegar los carteles y comienza la búsqueda.  Aún es temprano pero el tiempo pasa.  Él todavía es un bebé y necesita comer.  No está acostumbrado a estar sólo.  Pienso en todos los escenarios y el mejor sería que alguien quiera robarlo y tenerlo consigo pero bien cuidado. Obviamente no me gusta pero es mejor que imaginarlo tirado en el piso debajo de un auto.

No paro de llorar, realmente estoy muy nerviosa. El reloj sigue marcando las horas y siento como si nunca más lo voy a volver a ver.

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Finalmente entre mi miedo, mi hambre, el frío y mi poca energía vuelvo a avanzar.  Creo que alguien me llama, alguien me chifla y eso me ayuda a guiarme un poco de hacia dónde debo volver.  Pero ya todo es muy difícil para mí.  Ya es de noche, la única iluminación con la que cuento es con la de la luna. Estoy realmente desorientado y siento que doy vueltas en el mismo lugar.

Alguien ha alcanzado a verme, me llama hacia ella con mucha ternura.  No sé si acercarme, no es mi mamá ni ninguna de mis hermanas, pero creo reconocerla. Mami siempre dice que no me vaya con los extraños pero tengo mucho miedo.  Quiero volver.

Al cabo de un rato, decido acercarme y resulta que es una de las vecinas que sí me conoce y que también está preocupada por mí.  Ella le marca a mi papá para avisarle que me tienen con ella y yo siento un alivio como nunca antes.  Prometo no volver a irme.  No puedo vivir sin mi familia.

Mami ha tenido que salir, no está en casa y yo la busco por todos lados, pero mi papá me lleva hasta donde ella está y nos unimos en un abrazo muy cariñoso.  Ella llora al mismo tiempo que me regaña, pero me abraza y me dice que me ama.

¿De verdad podría irme lejos de la familia que tengo? No, la verdad no.  En ningún lugar podría estar mejor que aquí.  Hoy dormiré en paz, en mi cama y tendré un sueño lindo.  Sólo me perdí un día pero regresé.

Amigos gatos, de verdad, no vale la pena querer explorar el mundo si estarás en peligro.  No hay nada como el hogar.

¡Dulces sueños!

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Letty Ciprés

Letty Ciprés

Letty Ciprés es apasionada de la vida, su familia y ahora también de SU HIJO-GATO. Suki se ha convertido en el centro de su atención a quien lleva incluso a la oficina. Con Suki reafirmó su fascinación por los mininos y quiere también compartirla contigo.

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