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Reloj Imperial

Reloj Imperial

El gran palacio está dormido.

Asentado sobre la nieve, su estructura semeja un animal que inverna en la planicie rusa. Se estiran los muros, se suceden las ventanas en secuencia infinita. A través de ellas, la luna blanquea los salones ausentes de voces y pasos.

En el ala norte, protegida con cortinas de terciopelo se enciende una vela que sostiene una mano que tiembla. La llama ilumina el rostro viejo de Catalina, Emperatriz de Rusia. Sin joyas ni vestido podría confundirse con una pobre campesina asustada dentro de una caja dorada. Así se siente.

Hace tiempo que sueña con la muerte. Sabe que está cerca, que no la aleja con riqueza ni títulos de nobleza.

Para distraer el mal presagio hace tiempo ordenó construir un extraño reloj. Ahora está terminado y quiere verlo sin esperar que amanezca. Se cubre con una capa de armiño y en silencio emprende el camino hacia el salón azul, en cuyo centro los sirvientes han colocado el artefacto. No quiere que nadie participe del encuentro. Llega con la respiración agitada, enciende uno a uno los candelabros hasta que el lugar queda lleno de luz. Entonces se decide a mirar.

Ante ella se eleva el tronco de un árbol en láminas de oro y plata. Pájaros con piedras preciosas se posan en sus ramas. En la base, un pavo real despliega cada hora el esplendor de su cola, mientras un búho con ojos de diamante gira la cabeza cuando las agujas pasan la medianoche.

Catalina sonríe, es una obra perfecta. Queda contemplándola en silencio, sólo se escucha el acompasado sonido del mecanismo en su avance imparable. Siente frío, se arropa en su capa. Caminan las agujas, se suceden las horas. El pavo real abre la cola, el búho gira la cabeza.

Piensa que podría quedarse así por siempre, como parte del engranaje del reloj, sin sentimiento alguno, fría, precisa, marcando el tiempo, siendo su dueña.

Amanece…

Un rayo de sol se abre paso entre los cortinados. Crece, rebota contra el cristal de los espejos, se multiplica en reflejos. Llega hasta el piso del salón donde la capa de armiño se enrolla con la gracia de un felino. Está vacía.

En el reloj, una presencia nueva, sin explicación alguna marca un tiempo distinto.

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Fabián Gonzalez

Fabián Gonzalez

Soy Fabián González, escritor argentino nacido en Mendoza, “La Tierra del Sol y el Buen Vino”; en mi jubilación decidí compartir mi pasión por el cuento y la literatura, gozar Cuentos sin receta cada semana, esperando que los disfruten tanto como yo.

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